6 abril, 2020

La falta de gasolina en Venezuela agudiza la violación de derechos fundamentales

Mientras el mundo busca detener la pandemia del COVID-19, Venezuela se paraliza casi totalmente por la orden dada por quienes detentan el poder de no expender gasolina en todo el país, al punto que la mayoría de las estaciones de servicio permanecen cerradas y aquellas que están dispensando el combustible sólo lo hacen a quienes forman parte de “sectores estratégicos”, como alimentos y medicina, así como a quienes prestan sus servicios en el sector salud. Sin embargo, día a día la escasez es cada vez mayor, por lo que ni médicos ni enfermeras ni transportistas de alimentos o medicinas logran surtir sus vehículos para realizar sus labores.

Es una dramática situación por cuanto trae de la mano la violación no sólo del derecho al libre tránsito, que puede estar restringido –como lo está– por virtud de la pandemia, pero que no debe limitarse para quienes requieran atención médica ni para los sectores estratégicos de cuya labor depende la alimentación y salud de millones de venezolanos.

Todo indica que si no se le da solución a este problema en el corto o mediano plazo podría llevar al país a una situación sin precedentes en la que no será sólo el coronavirus la mayor de las dificultades, sino la falta absoluta de combustibles, impidiendo el tránsito y causando con ello hambruna, enfermedad y muerte que jamás hayamos sufrido en nuestro país. Aunque nuestra sociedad ya vivía un sinfín de limitaciones de prácticamente todos sus derechos, en especial en algunos estados por la falta casi permanente de gasolina, electricidad, agua, gas, entre otros servicios, en este momento y en los días por venir Venezuela toda se puede convertir en una anarquía por una población desesperada en busca alimentos y medicinas y, al mismo tiempo, esperando indefensa cuándo será que la curva de las violaciones a sus derechos humanos empezará a disminuir.

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