20 abril, 2020

DERECHO A LA PRIVACIDAD EN PELIGRO POR EL USO INDEBIDO DE DATOS ANTE LA PANDEMIA DEL COVID-19

María Luisa Acuña López

    Abogado

El derecho a la privacidad, entendido como aquel que tiene todo individuo para separar su vida privada de la observación o examen público, se encuentra protegido en las diferentes constituciones del mundo así como en instrumentos internacionales de protección de derechos humanos. El interés por esta protección se inicia a propósito de las innovaciones tecnológicas surgidas en el siglo XIX, con las fotografías instantáneas exhibidas en información de periódicos que difundían de forma masiva la vida doméstica o privada de las personas; interés que se fue intensificando a medida que aumentaban los medios tecnológicos para invadir ese espacio dentro del cual sólo cuenta la decisión de cada persona, entendido en dos dimensiones, como señalara Alan Weistin (Privacy and Freedom, New York, Ateneum, 1967, pag.7): el derecho a aislarse y el derecho a controlar la información de sí mismo, esto es, controlar sus datos personales. Este último derecho a la protección de los datos o derecho a la autodeterminación informativa, adquiere concreción jurisprudencial con la famosa decisión mejor conocida como “Censo de Población” del Tribunal Constitucional alemán que sentaría las bases sobre las cuales se sostiene gran parte de la teoría construida al respecto, estableciendo que: “…el libre desarrollo de la personalidad presupone, en las modernas condiciones para el procesamiento de datos, la protección de los individuos frente a la ilimitada recolección, archivo, empleo y retransmisión de sus datos personales …El derecho fundamental garantiza de esta manera la capacidad del individuo principalmente para determinar la transmisión y empleo de sus datos personales”.

Abstracción hecha de que en muchos países con regímenes tiránicos la reserva de los datos personales no es un derecho que se pueda ejercer, incluso en otros que se califican como democráticos, solapadamente también se violenta de diferentes formas este derecho, existe un hecho innegable: la pandemia del Covid-19 ha cambiado radicalmente este escenario, por cuanto aquella arbitrariedad frenada por los instrumentos jurídicos para incursionar en la vida privada de los ciudadanos, se ha desdibujado frente a las medidas adoptadas para impedir el contagio, las cuales incorporan el uso de estos datos personales, por lo que las formas para quebrantar este derecho van desde incursiones físicas a hogares en donde se pueden ubicar a personas infectadas, hasta el uso de aplicaciones informáticas (reconocimiento facial, datos de los teléfonos móviles para rastreaer el movimiento de las personas, herramientas de análisis de macrodatos que rastrea la propagación de la enfermedad mapeando los movimientos de las personas). Medidas que, de país en país, cambian de intensidad y ponen –como lo han hecho ya—en grave riesgo otros derechos humanos como la vida, la alimentación y la atención médica oportuna.

Con  la informática y el procesamiento de datos, son incontables las  posibilidades  de  registrar una  gran cantidad  de  datos  sobre las personas  que  permiten reconstruir  sus detalles íntimos y con ello afectar su vida privada o intimidad; y, ante este escenario mundial, la intervención de los Estados se hará cada vez más intensa y los más avanzados tecnológicamente no descansarán en la creación de aplicaciones que permitan esta incursión en los datos de salud de los ciudadanos, corriéndose el riesgo de que cualquier base de datos pueda usarse en el futuro con otros fines, colaborando de esta forma en lo denunciado por Amnistía Internacional en su informe de noviembre de 2019 titulado “Gigantes de la Vigilancia” al referirse ya no a los gobiernos sino a los grandes de la tecnología como Google y Facebook, indicando lo complicado que sería el uso del internet sin recurrir a estas dos multinacionales y ellas “se aprovechan de este poder para lucrarse con nuestros datos a cambio de ofrecernos esas plataformas y herramientas digitales gratis”, por lo que muchos gobiernos aprovecharán este escenario para escalar cada vez más en la intervención de nuestra privacidad, mutilando cada vez más esa protección de nuestros datos personales recogida en tantos instrumentos internacionales (artículo 11 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el V de la Declaración Americana de los derechos y deberes del Hombre, el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el 17 del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos) con el consiguiente peligro de contagiar a los gobiernos más respetuosos de los derechos humanos de esta pandemia de recolección de datos personales que nos anuncia un nuevo orden en la protección y defensa de los mismos.

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