9 noviembre, 2020

El hambre amenaza con cobrar más vidas cada día en Venezuela

Como símbolo del espanto que representa la miseria, el dolor, el hambre o la muerte aparecen en la prensa y redes sociales de nuestro país dos rostros, dos hermanos, dos septuagenarios, dos nombres: Silvia y Rafael. Dos nombres que desfilan de boca en boca y que identifican a dos cadáveres que fueron encontrados en su residencia del centro de la capital de Venezuela. Murieron de inanición, murieron de hambre.

Así como ellos también mueren de hambre miles de venezolanos que no han sido cuantificados, y no lo serán, porque escapan del ojo público más si son residentes de caseríos lejanos, además que el régimen se esfuerza en ocultar este drama que ha obtenido dimensiones gigantescas sin que le importe que en la Declaración del Milenio (Asamblea de la ONU del año 2000) los Estados se comprometieron a reducir a la mitad el número de personas con hambre para 2015.

Tampoco tiene importancia para el régimen que nuestra Constitución exprese que el Estado es garante del derecho a la vida y los derechos humanos, con lo cual implícitamente reconoce el derecho a la alimentación. Todo ello y cualquier andamiaje legal y constitucional decaen frente a estos hechos que golpean a nuestra sociedad, y frente a un régimen que impide, incluso, el ingreso de la ayuda humanitaria que aliviaría de algún modo a mitigar los efectos de esta Crisis Humanitaria Compleja que atraviesa nuestro país y que anuncia más y más muertes por hambre.

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