8 junio, 2020

El régimen de Maduro califica de armas biológicas a los migrantes venezolanos que regresan al país

Nicolás Maduro, en rueda de prensa del 6 de mayo, acusó nuevamente al presidente de Colombia, Iván Duque, de orquestar una guerra con armas biológicas contra nuestro país por cuanto, indicó, quería contagiar a los venezolanos de Covid-19 mediante el uso de los migrantes que estaban regresando a su país. Esta declaración adquirió ribetes mucho más agresivos y alarmantes cuando Lisandro Cabello, secretario de gobierno del estado Zulia, declaró que los venezolanos que regresan de otros países y no cumplen la cuarentena son “armas biológicas”, señalando que “cuando nos digan que una persona no pasó los procesos migratorios como es debido los iremos a buscar, los pondremos en proceso de cuarentena pero en una celda por violación de la ley migratoria”.

Ambas declaraciones constituyen una grave discriminación contra los migrantes venezolanos (artículo 21 de la Constitución) y subsume un delito de odio tipificado en el artículo 285 del Código Penal. Muchas reflexiones surgen de este hecho, la primera de ellas es: ¿Con qué potestad un funcionario se arroja la tipificación de un delito que no existe y que sólo puede surgir de un cuerpo normativo; ¿por qué la saña contra quienes emigraron de manera forzada y vuelven a su país penalizándolos y amenazándolos con cárcel? De estas actuaciones surge la convicción de que el régimen no ha observado ni los informes de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU ni atiende la observación permanente que existe sobre nuestro país, convertido en uno más de aquellos donde más gravemente se violan los derechos humanos. Por el contrario, demuestra que no cesará en su afán de imponer mayor severidad en sus políticas de control social usando como excusa la pandemia del Covid-19.

Se revela así la grave situación que viven los venezolanos, quienes se han convertido en migrantes forzosos precisamente porque el régimen que usurpa el poder ha cerrado las vías para que vivan dignamente en su país, y se han visto obligados a regresar debido al deterioro de las condiciones económicas y sociales de los países vecinos que los recibieron. Se ha olvidado que el solo hecho de ser migrantes les otorga una protección especial ante el mundo. Este discriminatorio, hostil y vejatorio recibimiento que han tenido en su propio país definen el perfil totalitario de un régimen que se empeña en incumplir cualquier tipo de solicitud para frenar la sistemática violación de derechos humanos.

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