Nicmer Evans: “Para recobrar la confianza en el Poder Judicial se necesita un cambio de sistema y de quienes ejercen el poder”

Desde su visión como politólogo, Nicmer Evans analiza el sistema de justicia venezolano, identifica sus vicios y debilidades, y propone ideas para reconstruir ese pilar de la democracia. El también M.Sc. en Psicología Social reflexiona sobre la aplicación de un modelo propio de justicia transicional en Venezuela y alienta al reencuentro y la reconciliación entre venezolanos

―¿Considera que hay justicia en Venezuela? Entendiendo los dos tipos de justicia: la social y la judicial

―La realidad es que en Venezuela no existe la justicia porque no hay separación de poderes. La característica fundamental de una dictadura se basa en el hecho de la subordinación de los poderes a un poder. En el caso de Venezuela, la justicia está subordinada al Poder Ejecutivo que a su vez tienen un origen fraudulento en relación con el ejercicio del cargo, por lo tanto incluso a pesar de que puede haber algún nivel justicia justa en nuestra estructura de sistema jurídico, que lo dudo, igual tiene una usurpación de origen que trae como consecuencia una dificultad fundamental que es que el sistema de justicia venezolano es írrito.

Pero, por otra parte, si hablamos de justicia social es aún peor porque todos los avances en las conquistas del pueblo venezolano han sido absolutamente acabados y deteriorados como consecuencia de un origen artificial de todos esos beneficios, un boom petrolero y pésimo manejo de los recursos sin capacidad de producción afecta de manera absolutamente directa la justicia social. Eso está estrictamente fundamentado en una deformación de las fuentes necesarias para el mantenimiento y sostenimiento, no solamente de la justicia social sino de la justicia judicial. Por supuesto, además un proyecto político que busca deformar la institucionalidad, ejercer el control y el dominio de los poderes trae como consecuencia el hecho de la absoluta de formación de la justicia en el país.

¿Qué habría que hacer para recuperar la confianza en el Poder Judicial y en la institucionalidad?

―Hay un elemento común para cualquier tipo de aspiración de cambio y de reconquista de la confianza en Venezuela que pasa por la sustitución de quienes ejercen el poder de manera fraudulenta ilegítima e ilegal, pero además de eso hay una deuda histórica de una revolución judicial, o sea Chávez llegó garantizando y jurando que habría un cambio, una transformación del sistema judicial venezolano, y lo que terminó fue entregando aún más el sistema judicial a manos de la corrupción con la “Banda de los Enanos” y con la filtración del control de intereses mafiosos en Poder Judicial.

Sin duda alguna que el primer elemento para recobrar la confianza en el Poder Judicial es un cambio de sistema y después un cambio de quienes ejercen el poder. Pero además, la posibilidad del redimensionamiento de una justicia que tenga como condición fundamental que sus funcionarios puedan vivir de su salario.

¿Considera correcta la estructura del Poder Judicial en la Constitución de 1999?

―Creo que el problema no es de estructura ni la Constitución del 99, el problema es que se cumpla exactamente lo que dice y que haya voluntad para que se cumpla en el marco del Estado de Derecho y de justicia. Por supuesto que los expertos en esta área podrán hacer planteamientos pertinentes en relación con la reestructuración del Poder Judicial, sobre la constitución de las salas y la magistratura, y en relación con todos sus componentes; sin embargo, Venezuela lo que necesita es que haya funcionarios que tengan las condiciones para cumplir lo que dice la Constitución de 1999, ya eso sería un verdadero avance en la situación del sistema judicial venezolano.

¿Cuáles requisitos adicionales se deberían exigir para escoger a los magistrados del TSJ?

―El requisito fundamental para acoger a los magistrados es que sean electos y escogidos de manera autónoma, y allí vamos al origen de lo que planteaba inicialmente, hay una subordinación de poderes que atenta contra la democracia, que la vulnera y convierte esto en una dictadura aplicado a la escogencia directa de los magistrados, y por eso hay una perversión absoluta en relación con los criterios de selección de los magistrados. No creo que necesitemos más requisitos, sino que necesitamos funcionarios que respeten los requisitos que están establecidos.

¿Cuáles son las decisiones políticas aplicadas al ámbito judicial que deberían tomarse una vez iniciado el proceso de transición democrática?

―Una de las primeras cosas es la reclasificación de todo el personal del Poder Judicial en relación con méritos y condiciones sobre perfiles específicos que se necesitan para poder arrancar. Por supuesto lo otro es el tema de los salarios, que no es exclusivo del Poder Judicial, porque los funcionarios públicos que tienen responsabilidades tan nobles como ésta, como los educadores, los médicos o cualquier otro funcionario del Estado debe tener la capacidad de poder vivir dignamente de su trabajo y en función de eso una de las condiciones necesarias para que haya una transformación del plano judicial hacia la transición democrática debe ser que los trabajadores puedan satisfacer sus necesidades para no caer en la tentación de la corrupción, tal como permanentemente ocurre en el plano judicial. Después de eso, por supuesto, generar condiciones idóneas para que el ejercicio del trabajo pueda ser efectivo.

¿Considera que es necesaria una reforma constitucional?

―Las reformas constitucionales siempre van a ser necesarias para la actualización de la Constitución.

¿Cuáles serían tres cambios fundamentales que propondría cambiarle a la Constitución de 1999?

Creo que una de las cosas fundamentales es, por ejemplo, en cuanto al sistema electoral venezolano, específicamente en la financiación de los partidos políticos. Lo otro es revisar lo de la reelección indefinida de los cargos, sin duda una de las perversiones que derivaron de una ‘psicodelia’ en la política conducida por Chávez y en la que la mayoría de la población venezolana cayó, o caímos podría afirmar; se cometió un error que creo que podrá enmendarse porque los pueblos son sabios para corregir sus propios errores.

¿Cree que el Poder Ciudadano ha funcionado, el trío contralor, fiscal y defensor? ¿Sería necesario reformar el Poder Ciudadano en la nueva Constitución?

―Creo que la valoración del Poder Ciudadano podría ser verdaderamente importante, pero estoy convencido que debería ser el Poder Moral tal como lo planteaba Bolívar en sus inicios. Ahora, creo que sí debe haber una revisión de la relación del Poder Moral en ese trío, debe haber una separación de cuerpos en la función de contralor, fiscal y defensor, no solamente en instituciones autónomas, sino que no debería integrar un poder en sí mismo aunque los tres estén en objetivos comunes sino, por el contrario, debería ser un poder ético o un poder moral en su esencia pero con una capacidad de representación o de cuantificación de un poder independiente.

Desde el punto de vista de la versión de los cinco poderes podría generar una confusión de subordinación de quien ejerza el poder de la representación, o sea subordinar al fiscal al defensor o al contralor, o en cualquier orden, es absurdo. 

¿Está de acuerdo en que se aplique la justicia transicional en Venezuela una vez allanado el camino democrático?

Por supuesto que es necesaria la aplicación de una justicia transicional justa, valga la redundancia. Al momento de iniciar en Venezuela el cese de la usurpación se deben generar las condiciones necesarias para vivir una transición que garantice el equilibrio y la armonía, y evitar una guerra civil en el país, por lo tanto es absolutamente pertinente pensar en la creación de un modelo propio de justicia transicional que no necesariamente implica la réplica de justicia transicional en otros países, y eso importante reafirmarlo.

¿Qué habría que hacer para que se dé el reencuentro ciudadano, ya que pareciera que hay cierta resistencia de la población a perdonar y a acercarse al que ha estado en el otro bando?

Creo que lo primero es que los dirigentes políticos sean la referencia real y el primer ejemplo en relación a la necesidad de reconciliación, pero también es importante para la población venezolana que haya justicia verdadera, pues la reconciliación no es con el criminal ni con el que cometió delitos de lesa humanidad, la reconciliación con aquel que pensó, que apostó por un cambio en el país y que lamentablemente cometió el error, o cometimos me incluyó, de haber pensado que en Venezuela se pudo haber desarrollado una verdadera revolución cuando en realidad fue una revolución frustrada producto de un engaño, de un timo, fuimos muchos los que pensamos que podía lograrse un cambio para mejor en el país. La reconciliación fundamentalmente debe estar centrada en ese 70% que en algún momento votó por el proyecto revolucionario por equis causa, y que no tratemos de asumir una pureza del otro 30% para señalar al resto del país, pues eso es completamente absurdo. Lo que no debe aplicarse es una búsqueda de política de reconciliación con quien hizo verdadero daño y condujo a todo este desastre, cada quien que pague su culpa y su responsabilidad en sus delitos. Creo que una combinación entre búsqueda de reencuentro y reconciliación ciudadana con aplicación de justicia a quienes hayan cometido delitos de lesa humanidad es lo coherente como modelo propio de una justicia transicional en Venezuela.

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